Review: Heavy Rain

Qué problema tenemos con Heavy Rain… Debo confesarles que cuando se planteó la idea de que yo sea quien les acerque esta review sentí mucha alegría y una gran expectativa. Pero acá estoy frente a mi procesador de texto a dos días de haberlo terminado y debo hacer ciertas elecciones. Elecciones por demás relevantes como a las que la última creación de Quantic Dream nos somete constantemente. Debo decidir cómo hacerles llegar el mensaje que Heavy Rain ofrece: si lo hago desde el punto de vista netamente crítico, o si dejo que hable el corazón. Y es que por un lado soy una persona muy racional, crítica y fría, pero por el otro lado cuando juego me entrego por completo y a las experiencias resultantes las vivo con mucha pasión, sobre todo cuando estamos ante una obra que se ha metido tanto con mi humanidad durante las horas en las que se desarrolla, como pocas veces en estos 21 años que llevo dedicándome al mundo de los videojuegos. Ambas afirmaciones sobre mi persona son ciertas: todo es parte de lo mismo. Tal y como sucede en Heavy Rain; por más que haya varias opciones no existe una mala y una buena, todas son completamente válidas. No existe un “Game Over” definido; simplemente (y como si fuese poco) deberemos afrontar las consecuencias de nuestras elecciones y de nuestros actos.

Las ambigüedades continúan si hablamos de otros aspectos de esta realización. Podemos bien decir que la jugabilidad está magistralmente resuelta y a la vez, decir que la misma resulta aburrida. Tampoco es errado decir que no es una pieza dura de roer debido a su escasa dificultad, pero sería necio dejar de lado el hecho de que avanzar durante la extensión de esta aventura resulta extremadamente complicado y complejo por momentos, muchos momentos. Algunos alegarían incluso que el hecho de que no haya música en largos pasajes del título es una nota negativa, pero a la vez es innegable reconocer que el mismo se encuentra brillantemente musicalizado. El punto es que todo depende desde dónde lo miremos y lo justo sería decir que para que todo tome sentido, debemos entender que esta obra de Quantic Dream es completamente única en su género y pretende brindar un mensaje distinto, ya que desde mi punto de vista estamos ante algo que se coloca “al costado” de lo que conocemos como “videojuego” hoy en día, forjando un nuevo género al cual me atrevería a definir como “Experiencia Emotiva Interactiva”. Estamos ante un Thriller policial negro, tal vez uno de los mejores en este género, cargado de oscuridad, melancolía, tristeza y por sobre todas las cosas drama. Bajo el amplio espectro de quien conocemos como “El Asesino del Origami” seremos testigos de cuatro historias que se entrelazan sin saberlo, y que tiene como protagonistas a cuatro personajes de los más profundos, humanos y queribles vistos en mucho tiempo aún con todas sus miserias, tal es así que una de las cosas que destacan es la inexistencia de héroes canónicos hechos y derechos, ya que nadie es completamente lo que se dice “un santo” y las intenciones que movilizan a cada uno nunca terminan de ser claras hasta finalizada la trama.

Sin dudas que el guión narrado en excelente forma efectivamente nos pone en contexto, pero es mediante la realización de acciones mundanas que van desde preparar una cena para nuestro hijo hasta cambiar un simple pañal, las que harán que forjemos un vínculo muy estrecho con cada uno de los protagonistas y que en sumatoria nos harán vivir momentos realmente emotivos, cautivantes, alegres como también duros, dramáticos y sumamente tristes. A su vez, deberemos ser lo suficientemente despiertos y atentos al seleccionar qué es lo que vamos a decir y qué acciones realizaremos.

Justamente en eso es donde el juego brilla poniéndose realmente dificultoso, porque no nos dará respiro exponiéndonos a situaciones tensas y al límite constantemente. Algo es seguro: la carga emotiva de esta pieza es muy sobrecogedora pero a la vez altamente pesada, casi tanto como la lluvia incesante durante toda la aventura y todo cuanto decidamos impactará de lleno en cada uno de los personajes involucrados, alterando el ánimo de los mismos más allá de la evidente incidencia en el correr del relato, lo cual podremos atestiguar gracias a un sistema de captura de expresiones faciales muy convincente.

Todo esto se ve acompañado por una de las direcciones artísticas más acertadas a la fecha. Las locaciones tienen un desarrollo sin igual: todo parece sucio, turbio y oscuro, muy en la onda de la película Seven (Pecados Capitales). La atmósfera por momentos es agobiante, bajoneante y depresiva, acentuada por una magnífica música orquestal que dice presente en instancias muy específicas. Hay planos del juego realmente memorables dignos del mejor de los directores de fotografía. La lluvia constante y los cielos grises y oscuros le terminan de poner el ingrediente noir a la cuestión. Los escenarios tienen muchísimo detalle y pese a no lucirse con ciertas texturas hacen un gran conjunto con “los actores”, que cuentan con rostros pasmosamente recreados y a pesar de que las manos por ejemplo, no estén tan logradas, tienen una importante atención al detalle. Tanto personajes principales como secundarios y los extras se mueven y lucen con mucha naturalidad. Es evidente el soberbio trabajo realizado en las capturas de movimientos y sobre todas las cosas en las técnicas avanzadas de captura de expresiones faciales, algo fundamental en el concepto que Heavy Rain quiere desarrollar. Las actuaciones de voz van de la mano con el soberbio, variado y extenso libreto que esta creación presenta, convirtiendo a éste en uno de los apartados más destacables dentro de lo que a materia técnica se refiere. El toque final lo pone el genial efecto de humedad, lluvia y agua, que cierran un paquete visual que si bien no es una maravilla, resulta francamente impactante con mucha personalidad. Sin vacilar puedo decirles que a nivel ambientación es una de las piezas más logradas hasta el momento.

Hace mucho que no me sucedía esto de compenetrarme tanto frente a una consola. Por primera vez en mucho tiempo sentí una verdadera conexión con los personajes, y parte de la magia reside ahí mismo. Empecé a jugarlo el domingo al mediodía y lo terminé el mismo día a las nueve de la noche. Me vi obligado a saber cómo iba a terminar la historia. Sufrí cada una de las decisiones que tomé y en ciertos momentos me apresuré en algunas situaciones, logrando que sienta un profundo arrepentimiento por lo sucedido y deseando que no me hubiera dejado llevar tanto por lo que sentía en ese momento. Pese a todo esto, por fortuna creo haber dado con el mejor final posible. Ahí estaba yo, preocupado por qué es lo que iba a tocar en suerte a estos cuatro “seres virtuales” en cada uno de los capítulos. Esta es la idea tras Heavy Rain. No busca diferenciarse por ser pretenciosamente difícil y transformarse en un reto jugable. Busca algo que pocos títulos son capaces de alcanzar y esto es meterse con nuestras emociones. Y lo logra combinando una jugabilidad acorde a la circunstancia que se siente orgánica y natural y que constituye el balance perfecto entre interactividad y pasividad, sin resultar invasiva en pantalla, con un innovador planteo que propone que el guión y el tiempo no se detienen. No tendremos oportunidad de repetir ninguna acción en la que hayamos sentido que “fallamos”. El guión muta y se construye a nuestro propio paso dando como resultante un buen abanico de finales posibles muy distintos entre sí, lo cual constituye una excusa irrevocable para volver por más. Y en esa dichosa escalada incesante y con el correr de las horas es cuando descubrimos un viaje único hasta el momento, sumamente apasionante y movilizante, de esos que no abundan y que hoy que lo tenemos entre nosotros es imposible dejar de recomendar.

Yo no voy a mentirles, tampoco pretendo venderles nada ya que por desgracia no poseo acciones ni en Quantic Dream ni tampoco en Sony. Heavy Rain se vale ni más ni menos de lo permeables que seamos nosotros como jugadores a dejarnos llevar por lo que propone. Las primeras dos horas con él son fundamentales no sólo para entender por dónde viene la mano, sino para saber si seremos capaces de asimilar tanto concepto nuevo.

Sinceramente si son “hombres de FAL en mano”, o son aquellos jugadores que juegan sin más, sin compromisos y que pretenden cosas simples con diversión instantánea aléjense: esto no es para ustedes. Es que si nos detenemos en el aspecto “jugable”, hay que reconocer que sin el planteo y el guión, Heavy Rain sería francamente aburrido. El tema justamente es que, su idea no es ser un “juego” como a los que estamos acostumbrados, tampoco intenta ser necesariamente divertido. Busca calarte hondo, conmoverte, experimentar con tus sentimientos hasta retorcerlos y en cierta manera darte la oportunidad de que por primera vez en un juego, sientas que las consecuencias de lo que decidís verdaderamente tengan peso e implicancia y que realmente logres sentirlas en carne propia.

Este es un título de autor que por lo que representa, se acerca a produccioness de la talla de Shadow of the Colossus o Ico. Y al acreditarle estos honores, seguramente están los poco dispuestos que lo detestarán y quienes capten la idea lo disfrutarán y les parecerá increíble. Es un juego donde la cosa puede ser blanca o negra. No existe el punto intermedio. A mí me impactó y honestamente es una experiencia que ha dejado mella en mí como pocos juegos lo hicieron. Heavy Rain no es un título para cualquiera, es para quienes tengan ganas de probar algo distinto e innovador, de vivir algo diferente en nuestra consola, alguien con la cabeza abierta a ver las cosas un poco más allá de lo que se aprecie a simple vista. Sin embargo, no puedo dejar de decirles que no importa si lo piden prestado, si lo tienen que alquilar, si van a la casa de un amigo o como sea, estamos ante una creación que todo gamer debería al menos probar una vez. Una obra auténtica y única. Un gran acierto de David Cage y de todo Quantic Dream.

[9.3]

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